Sin embargo, hay quien piensa que no se puede sobrevivir en el mundo del periodismo sin tener una de esas criaturas a las que llaman "blogs". O eso dice mi verdugo, un profesor que ha condenado a la blogosfera a alojar "el blog que nunca quise tener".
Parece que esto ya no tiene marcha atrás. Yo he sido condenado a tener un blog, y el blog ha sido condenado a caer en mis manos. Esta vez, más que nunca, el futuro de nuestra relación sólo puedo "escribirlo" yo.

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